viernes, 24 de febrero de 2017

St. KIRSTEN





Buenas noches, queridos amigos de este blog. Hace tiempo que no os hablo ni os presento nada nuevo sobre este bonito y divertido cuento. Me refiero a “St. Kirsten”. Y no lo hago porque, Alex Herrerías, prestigioso ilustrador mexicano (https://www.facebook.com/alex.herrerias.9?fref=ts) (https://www.behance.net/AlexH) —todos los derechos reservados—, está realmente saturado de trabajo y la progresión en este proyecto va un poco lenta, pero segura. Poco a poco le va dando forma y lo que os traigo hoy es una prueba de ello. Muchas gracias, Alex, desde aquí y en nombre de todos los que disfrutamos de unos momentos en este blog admirando, en este caso, tu arte, porque sé los esfuerzos que te está costando avanzar en nuestro proyecto cuando sé que no te sobra demasiado tiempo y, ahora,...te sobrará menos con ese nuevo miembro que llega a tu casa. Nuestra enhorabuena y nuestras felicitaciones por adelantado, y como dicen por España: ¡¡qué sea una hora corta para tu mujer!! Sabemos los dos que, lentamente pero con paso firme, nuestro proyecto va tomando forma y eso es lo realmente importante. Recibe un fuerte abrazo desde España.
Os cuento a todos vosotros, mis seguidores, algo importante sobre esta ilustración. A Alex ,una plataforma de nombre Crehana, radicada en Perú pero con presencia en toda Iberoamérica, le ha solicitado estructurar una clase magistral sobre texturas. Precisamente ha sido esta ilustración la que él ha elegido para la citada clase y éste es el resultado final. A mí me parece maravilloso. Bueno, pues en cuanto pueda, Alex, me va a dar el enlace para que podamos disfrutar de dicha clase y ver cómo ha dado forma y textura a la ilustración que hoy admiramos aquí. Ya os adelanto que la compartiré en mi página de facebook profesional cuyo enlace podéis ver en la parte derecha de esta ventana.
Bueno, amigos, pues lo dicho: os dejo con la ilustración casi definitiva, porque me dice Alex que quedan unos pequeñísimos retoques todavía de aquel boceto que os presentaba en la entrada del 11 de agosto del año pasado y que os recomiendo que la volváis a leer pues tenía algo de especial en lo que os contaba.
Ya solo me queda, con el deseo de que disfrutéis esta entrada, desearos también, como siempre, qué no dejéis de soñar y ser felices. Un abrazo muy cariñoso.

 José Ramón.

¿Nos hemos preguntado alguna vez qué tienen de especial los colegios de élite?
St. Kirsten era uno de ellos y en esta historia se nos revela el porqué, los alumnos que año tras año pasaban por sus aulas, conseguían tan buenos resultados.
Nicolás sabía mucho de esto. Los duendes lo saben todo de nosotros...
En esta historia trepidante, llena de ternura y acción, se pone de manifiesto lo importante que es en la vida la responsabilidad con la que debemos acometer nuestras obligaciones.
Es una historia en la que Nicolás, sustentado siempre por el recuerdo de su querida Amalia, cumple con su obligación de mantener St. Kirsten como lo que, desde la época de sus antepasados, venía siendo: uno de los mejores colegios de élite del país.




St. Kirsten era uno de esos colegios denominados de élite; de esos en los que en su momento estudiaron los más insignes políticos, economistas, arquitectos, etc, que en la actualidad lideraban los puestos más importantes de la Nación.
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¿Os habéis preguntado alguna vez el porqué unos colegios son de élite y otros no? Pues la respuesta la encontraréis a lo largo de esta historia que voy a relatar.
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Sí, Nicolás era un duende de apenas unos treinta centímetros que, según se dice, es la estatura media de los duendes. ……….. tenía unos ojos grandes y avispados, además de una prominente nariz que casi se juntaba con su no menos prominente barbilla. Iba tocado, por supuesto, con su característico gorro terminado en punta. No se podía decir que fuese un duende agraciado, ni tampoco que no lo fuese; simplemente que era un Duende con mayúsculas y que estaba encargado de la protección de “su” colegio.
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Era medio día cuando, como hacía todas las mañanas, Nicolás se pasaba por la cocina para comprobar el buen estado de la comida que una hora después se serviría en el comedor, y así evitar cualquier tipo de intoxicación entre los alumnos. Se desplazaba rápido entre las mesas en las que se afanaban en preparar el estudiado menú, las siete personas, entre cocineros y ayudantes de cocina, que allí trabajaban. Nadie reparaba en él, pues nadie podía verlo. 
Aquel día, en ese comprobar rutinario, detectó que una ensalada tenía una salsa que no estaba en buen estado. Sólo con verla, olerla, probarla…¡qué sé yo cómo lo hacía!, nuestro duende era capaz de detectar si algo estaba en unas condiciones que pudiese perjudicar la salud de sus protegidos; lo cual era su principal misión y para lo que moraba en aquel colegio