lunes, 16 de enero de 2017

VAN POPEL





Hola, buenas noches, queridos cómplices de mis historias, mis fábulas y ficciones que a veces se aproximan más de lo que quisiera a la realidad. Después de este tiempo de fiestas y alegrías y…por qué no decirlo, desencuentros, que también los ha habido, quiero traeros algo de lo mucho que tengo pendiente y en lo que sigo trabajando de la mano de “mis” ilustradores. Junto a ellos voy pasito a pasito, cuando sus obligaciones profesionales se lo van permitiendo, dando forma y vida a lo que he escrito y que deseo cuanto antes que pueda estar a disposición de todo el quiera alejarse de su vida rutinaria y dejarse envolver por este mundo de las historias para niños y mayores. Nuestro blog, ya lo he dicho muchas veces, quiero que sea un remanso de tranquilidad, ese lugar de final del canal en el que la barca descansa. Cualquiera podría pensar que queda olvidada en su rincón y en realidad se encuentra en su refugio en el que disfruta de su espacio y de su tranquilidad. Pues ahí estamos, aquí estamos, leyendo, sintiendo y pensando; disfrutando de nuestro tiempo y nuestro espacio, alejados de ese espacio que queremos para nosotros y siempre alguien nos lo ocupa y, en cierta manera, nos lo arrebata. Tenemos necesidad de nuestro rincón, tengo necesidad de mi rincón y quiero compartirlo, aquí, con vosotros.
Os contaba que nos encontramos tras este tiempo de fiestas que, al menos a mí, como siempre, se me ha pasado volando y eso me hace traeros una historia que parece escrita en un ambiente de Navidad. La primera vez que la traje a este espacio (el 28 de octubre de 2012 y que os recomiendo que la releáis) os decía que tenía un aire a esos cuentos de Dickens con esa atmósfera triste y fría. ”van Popel” es un cuento que relata una historia entrañable y llena de ternura, aunque el inicio no sea todo lo alegre que nos gustaría…, pero es que la situación por la que pasaban, Gervasio y Sara, no era muy fácil. Es un cuento fundamentalmente de transmisión de generosidad y solidaridad; de constatación de que, la mayoría de las veces, la gente humilde, los que menos tienen, son los que más dan. Esto os lo contaba también en la última vez que os hable de él (el 26 de julio de 2014, que también os recomiendo que lo volváis a leer pues, en ese caso, hablaba de abuelos…y para mí ha sido una de las entradas que he escrito más entrañables y que me ha hecho recordar muchas cosas de mi vida…encontré en mis letras la paz y el remanso del que hablo siempre que me refiero a este rincón) y hoy os lo quiero mencionar de nuevo porque en esta sociedad tan desnaturalizada y materialista que tenemos y que “disfrutamos”, estos valores y estas respuestas contadas en mi historia no son algo que practiquemos demasiado. Los cuentos, en la literatura infantil, deben de estar cargados de valores y, aunque “van Popel” es un cuento para niños de siete años en adelante, lo es también para mayores y, estos, necesitan muchas veces recordar que los valores deben de ser el motor de nuestra vida y nuestra referencia y…creo que hay que hablar de ellos…por eso os traigo hoy, de nuevo, esta historia de fantasía y de valores.
El segundo motivo de hablaros de cuadros y oleos penetrantes que mezclados con el polvo y la poca luz que a duras penas penetraba en la tienda de Gervasio, aspectos que conforman el ambiente de “van Popel”, es presentaros al magnífico ilustrador que está dando vida a esta historia. Se trata de Daniel Pineda, colombiano de nacimiento, y que en España está llevando a cabo magníficos trabajos de ilustración (todos los derechos reservados). En su página: https://www.facebook.com/danielpinedailustracion/… podéis comprobar lo que os digo. Daniel, gracias por haber querido compartir conmigo este proyecto tan cargado de sentimientos e ilusiones y, sobre todo, fantasía. Estoy seguro que con tu arte va a quedar muy bien. Un abrazo de nuestra parte cargado de aprecio y agradecimiento.
Daniel es un gran profesional y, como todos los buenos profesionales, es metódico y no da un paso sin tener afianzado el previo. Aquí os traigo como ha empezado a trabajar en “van Popel”: se trata de parte del “Concept Art” (concepto manejado por los ilustradores para el diseño de las ilustraciones del cuento) de los protagonistas de la historia: Gervasio y Sara. Lo podéis ver en la imagen que abre esta entrada. Debajo de estas letras os traigo otras dos imágenes-bocetos de cómo será el trazo, la forma de los lugares (casa, tienda). También la textura en acuarela que llevarán las ilustraciones. ¡¡La tienda, personalmente, me encanta!! ¿Qué opináis vosotros?. Espero que disfrutéis este inicio del proceso.
Pues ya está por hoy. Solo me queda desearos que os deleitéis con lo que os puedo traer de mi historia de lienzos, caras, personajes…y mucha ilusión e imaginación. Buenas noches y no dejéis de soñar y sed felices. Un abrazo sentido para todos vosotros. José Ramón.

“van Popel”, es una sentimental historia, con un final inesperado, en la que se cuenta cómo la vida gira y gira dando oportunidades a todos, ya estén vivos o nos hayan dejado hace tiempo…
 Gervasio y Sara, dos entrañables viejecitos, eran así y su vida, que transcurría entre cuadros y el penetrante y embriagador olor del óleo de colores, les dio también su oportunidad.

Eran las seis y media de una tarde fría de invierno cuando Gervasio, agachado, cosa que la mayoría de las veces suponía un verdadero suplicio, estaba terminando de cerrar la persiana metálica de su vieja y polvorienta tienda de cuadros. Las seis y media de la tarde no era la hora habitual para que Gervasio cerrara, pero llevaba unos días en los que no se encontraba con la moral demasiado alta.
En casa le esperaba Sara, mujer extremadamente sensata y de dulces y suaves ademanes. Era, sencillamente, una mujer adorable. Ella, al igual que Gervasio, pasaban ya de los setenta años y sólo se tenían el uno al otro.   Últimamente, él meditaba mucho sobre su vida y eso sólo servía para entristecerle aún más de lo que estaba.


Hacía tiempo que quería cerrar la tienda de cuadros que tanto trabajo le daba y, aunque no tenía prácticamente dinero, jubilarse y pasar tranquilo, junto a Sara, los últimos años de su vida.
Este deseo se antojaba difícil de poder cumplirse ya que no encontraba la manera de vender los casi cincuenta cuadros que aún quedaban en la tienda y que, de hacerlo, le aseguraría el pago del alquiler de la antigua casa en la que habitaban, durante los próximos diez años. Sabía que no era mucho tiempo, pero se convencía de que no debía preocuparse de ello ya que, en diez años, intuía que ninguno de los dos estaría vivo para contarlo.


Gervasio vivía angustiado con estos pensamientos, sobre todo cuando miraba los ojos azules claros, casi blancos, de Sara, su fiel compañera.
Al entrar por la puerta..........................
-Ten confianza, Gervasio. Seguro que las cosas cambian un día de estos -ella contestó, con cariño y tratando de ayudarle pues no soportaba verlo tan abatido.