sábado, 26 de julio de 2014

“VAN POPEL” EN EL DÍA INTERNACIONAL DEL ABUELO


Buenas tardes amigos. Hoy es día en el que el recuerdo nos hace sentir bien -aunque la nostalgia no quiera separarse de nosotros-; en el que seguro regresarán a nuestra memoria el sabor de situaciones especiales; en el que la comprensión, el cariño y el “refugio seguro”, nos hacen retornar a momentos entrañables. Hoy quiero rememorar junto a vosotros, en este lugar que tiene vocación de eso, de “refugio seguro”, todos aquellos momentos que solíamos disfrutar junto a nuestros abuelos. Hoy es el día internacional del abuelo y mi especial homenaje a ellos lo hago de la mano de mi historia, “van PopeL”.
Yo no tuve demasiadas vivencias con mi abuelo, aunque alguna la recuerdo con mucha intensidad…paseando a su lado por las calles de Madrid, donde nací y viví hasta la edad de nueve años, camino de su cafetería –“Zahara”, en la Gran Vía– en la que sentado, con un café a su lado derecho, sobre aquellas redondas mesas de mármol blanco moteado que me parecían entonces suficientemente grandes y que, después, cuando ya con unos cuantos años más regresé para revivir aquellos tiempos, vi que eran suficientemente pequeñas para aquel café y aquel boleto de la quiniela de futbol de la época. Sí, allí, todas las semanas, mi abuelo rellenaba con ilusión la quiniela del fin de semana que se avecinaba. Nunca le tocó y yo me alegré, pues ello me permitió seguir disfrutando de la tarde semanal en la que, sentado a su lado en aquella cafetería con solera, saboreaba mi pastel sin perder detalle de lo que su bolígrafo verde, de tinta azul, a modo de bola de cristal, trataba de adivinar en qué casilla, de aquellas color rojo pálido, debería poner el aspa de la ilusión.
Con mi abuela sí tuve muchas oportunidades que ahora enriquecen mis recuerdos.
Ella sobrevivió muchos años a mi abuelo: también era más joven. Ello me permitió conocerla bien pues mi edad ya me permitía apreciar y valorar los rasgos de su personalidad, su sabiduría de la vida, su grandeza de espíritu y su mirada viva que no precisaba de palabra alguna para expresar lo que tocaba en cada momento, con esos ojos que invitaban al sosiego y para mí, más de una vez, representaron un “refugio seguro”. Sí, mi abuela fue especial, lo fue para mí y su vida se extinguió entre mis manos. En aquella habitación de hospital nos encontrábamos los dos; yo le acariciaba la mano –estoy seguro que se sintió acompañada- mientras ella se iba de este mundo: me despedía de ella y le agradecía lo mucho que me dio en vida: nada material; mucho de su generosidad, bondad y nobleza.
Todavía hoy afloran unas lágrimas despistadas, que no supieron salir en su día como lo hicieron muchas otras, mientras escribo y os cuento esto.
Bueno, pues eso…que hoy les quiero rendir un recuerdo a los abuelos, los vuestros y los míos, por medio de “van Popel”.
Van Popel ya visitó por primera y única vez nuestro lugar para las ilusiones, el ya lejano 28 de octubre de 2012, cuando estábamos a punto de celebrar nuestro primer año en “la Red”…Pero, antes de hablaros de lo que nos trae esta historia, os diré que, Paula –de momento no os puedo dar más pistas-, es la ilustradora que, ya convendréis conmigo, va a darle vida de una manera muy realista y con una belleza que nos va a encantar a todos. Su manera de ilustrar y sus personajes en su portfolio me engancharon desde el primer momento: “van Popel” empezaba a tener vida en ese primer contacto. Paula, gracias por tu acuerdo de formar equipo juntos. Estamos, todos los que hacemos posible este blog, ansiosos de ver tu arte y mis palabras juntos en lo que, estoy seguro, será un álbum ilustrado especial. Un personal saludo desde este espacio que ya es el tuyo también.

Y ahora sí, hablemos de “van Popel”, de esta sentimental historia, con un final inesperado, en la que se cuenta cómo la vida gira y gira dando oportunidades a todos, ya estén vivos o nos hayan dejado hace tiempo…
 Gervasio y Sara, dos entrañables viejecitos, eran así y su vida, que transcurría entre cuadros y el penetrante y embriagador olor del óleo de colores, les dio también su oportunidad.
En “van Popel” encontramos un mensaje de solidaridad y generosidad en su más alto exponente que nos lleva a confirmar que los que menos tienen, al final, son los que más comparten. Os dejo con un fragmento de este, para mí, cuento con muchos recuerdos. 

Eran las seis y media de una tarde fría de invierno cuando Gervasio, agachado, cosa que la mayoría de las veces suponía un verdadero suplicio, estaba terminando de cerrar la persiana metálica de su vieja y polvorienta tienda de cuadros. Las seis y media de la tarde no era la hora habitual para que Gervasio cerrara, pero llevaba unos días en los que no se encontraba con la moral demasiado alta.
En casa le esperaba Sara, mujer extremadamente sensata y de dulces y suaves ademanes. Era, sencillamente, una mujer adorable. Ella, al igual que Gervasio, pasaban ya de los setenta años y sólo se tenían el uno al otro.   Últimamente, él meditaba mucho sobre su vida y eso sólo servía para entristecerle aún más de lo que estaba.
Hacía tiempo que quería cerrar la tienda de cuadros que tanto trabajo le daba y, aunque no tenía prácticamente dinero, jubilarse y pasar tranquilo, junto a Sara, los últimos años de su vida.
Este deseo se antojaba difícil de poder cumplirse ya que no encontraba la manera de vender los casi cincuenta cuadros que aún quedaban en la tienda y que, de hacerlo, le aseguraría el pago del alquiler de la antigua casa en la que habitaban, durante los próximos diez años. Sabía que no era mucho tiempo, pero se convencía de que no debía preocuparse de ello ya que, en diez años, intuía que ninguno de los dos estaría vivo para contarlo.
Gervasio vivía angustiado con estos pensamientos, sobre todo cuando miraba los ojos azules claros, casi blancos, de Sara, su fiel compañera.
Al entrar por la puerta..........................
-Ten confianza, Gervasio. Seguro que las cosas cambian un día de estos -ella contestó, con cariño y tratando de ayudarle pues no soportaba verlo tan abatido.
¿Por qué, Gervasio, no conseguía vender los últimos cuadros? Pues, sencillamente, porque......................
Por la tienda de Gervasio pasaban, frecuentemente, gente muy entendida en arte que, nada más ver que lo único que le quedaba eran los cuadros del tal van Popel, de su sombría etapa; salían casi sin despedirse
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Gervasio y Sara, aunque nada tenían, viendo la imagen que ante ellos se presentaba, decidieron acogerle en aquella noche fría en la que la nieve estaba a punto de empezar tímidamente a caer
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Gervasio se levantó temprano, como todos los días, y se percató de que en la pequeña salita estaba el colchón enrollado y atado con una cuerda, como se lo habían entregado la noche anterior, al necesitado hombre. Buscó por la casa y comprobó que no estaba. Había salido al amanecer, con mucho sigilo...........................................................................................
“van Popel…”, leyó Gervasio con gran sorpresa. No se lo podía creer. Claro, por eso se lo dejó el hombre, pensó.
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Al día siguiente, estaba ya en la tienda moviendo unas mesas y metiendo en cajas unos libros viejos cuando sonó la campanilla de la puerta, indicando que alguien había entrado.
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(nº de registro de la propiedad intelectual09/2010/2757)
http://people.safecreative.org/jose-ramon-de-cea-velasco/
 1108139858499


2 comentarios:

fernan dijo...

Los abuelos es la mayor riqueza para un nieto, tienen tanto que enseñar... disfrutar de ellos es una bendición

José Ramón de Cea dijo...

Muchas gracias, Fernan, por tu comentario y bienvenida al blog. Esperamos poder disfrutar de tus comentarios en sucesivas entradas...o en las antiguas. Un saludo agradecido. José Ramón.