sábado, 10 de marzo de 2012

SEGURO QUE SABES QUIÉN SOY...

 
 
 “Seguro que sabes quién soy” es un relato basado en un juego de pistas encaminadas a la resolución de la adivinanza que se presenta de manera íntima en el protagonista, anónimo, de la historia.
 Es un relato corto, muy corto, pero con una alta carga de sensibilidad y, aun no queriendo inicialmente, de romanticismo.




Me gustaba contigo saber de ti…

Me gustaba sin ti, verte a través de otros ojos…

Jugaba contigo a lo que más te gustaba…                               

Compartía contigo tu desagrado por lo que no te gustaba…

¿Sabes ya quién soy? 

 Quería querer a quien querías, y consolarte cuando a quien querías, no te correspondía…

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Me necesitabas y sin mí no eras nada…
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 ¡¡¡Sé que lo adivinaste!!!… 

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(nº de registro de la propiedad intelectual09/2010/2757)
http://people.safecreative.org/jose-ramon-de-cea-velasco/u1108080449272

sábado, 3 de marzo de 2012

QUESO CREMOSO

Un monasterio en el que sólo se oyen las pacíficas voces de unos místicos monjes, es el escenario de esta historia. ¿Sólo? Bueno, también, sobre todo por las noches si uno presta atención y si, principalmente, se está despierto, se oyen las voces divertidas de Alf y Gos. Divertidas a veces…
      Esta es una historia de aventuras en la que dos ratones campan a sus anchas por el monasterio, paseándose por los lugares donde trabajan, descansan y rezan los monjes a los que consideran sus amigos y protectores…bueno, no a todos.


La noche ya caía sobre el valle plagado de las más variadas especies de árboles y arbustos, y anunciaba el final del día en el monasterio cuyas torres competían en altura con los majestuosos abetos y cipreses que las rodeaban. Aunque, para ser más exactos, lo que verdaderamente anunciaba el final de la jornada, plagada de trabajo y oración, eran las cálidas voces de los monjes que allí habitaban, resonando por todo el valle durante el último rezo del día.
Los protagonistas de este cuento no eran ajenos a todo lo que acontecía en aquella comunidad de religiosos. No lo eran porque, sencillamente, se sentían parte de ella.
Alf y Gos eran dos pequeños ratones blancos que campaban a sus anchas por los pasillos solitarios del monasterio entrando en las celdas para visitar a sus queridos monjes; unos más que otros. Entre los “más” se encontraban los que les dejaban comida en sitios estratégicos. Entre los “menos”, los que se afanaban en preparar unos magníficos cepos con suculentos trozos de queso. Esto último, a Alf y Gos, no les preocupaba nada en absoluto pues tantos años en el edificio y con los mismos monjes, habían propiciado que aprendiesen, entre los dos, a comerse el deseado trozo de queso a pesar de lo peligrosamente tenso que se encontraba el muelle del mortífero aparato. 
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Alf era más gordito que Gos, pues le gustaba bastante comer y, a veces, sufría alguna que otra indigestión. Por su parte, Gos, era más racional y pensaba y calculaba mucho las cosas antes de decidirse a emprender una nueva aventura. Podríamos decir que Gos era el cerebro de la pareja mientras que Alf era el corazón…mejor dicho, el estómago.
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Decidieron no esperar más. Había llegado la noche en la que irían a la celda de Don Gaspar para disfrutar de la comida que, de seguro, estaría preparada como en tiempos del llorado Don Sebastián.
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El susto fue morrocotudo. Salieron atropelladamente de la celda por donde habían entrado y se dirigieron a su centro de operaciones: la bodega.......................


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VIENTO DEL SUR


“Viento del Sur” nos permite acercarnos al seno de una familia nómada y vivir y sentir, a través de la historia contada, la acogedora calidez de sus gentes y la sencillez y fragilidad de sus vidas en manos, siempre, de un desierto protector unas veces, y otras cruel, inhóspito e implacable.
En este relato, se ensalzan los valores de la familia y las tradiciones que, de abuelos a nietos, se traspasan como un tesoro de valor incalculable pues representan los verdaderos cimientos de toda una vida nómada entre arena, cabras y dromedarios; castigada, a veces, por el viento que venía del sur.

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Ahmed y su mujer Zaila, contemplaban noche tras noche semejante espectáculo y, por ello, se sentían unos privilegiados y agradecidos a ese Ser superior que todo lo controlaba. Daban gracias, también, por haber llegado a la noche vivos y con buena salud, de la que gozaban, igualmente, sus tres hijos: Habib, que ya era un hombretón con sus dieciséis años; Ahmed de trece y que recibió el nombre de su padre; y Haira, de tan sólo seis.


Estaban tumbados alrededor de una pequeña hoguera, que el mayor de los hermanos se encargaba, siempre, de disponer. Lo hacían para protegerse del frío, a veces gélido que, al ponerse el Sol, se apoderaba del territorio. Era un momento de paz y tranquilidad, en toda su plenitud, disfrutado por la familia nómada protagonista de esta historia; al cual contribuía la multitud de estrellas fugaces que recorrían ante sus ojos, de lado a lado, el firmamento que ante ellos se desplegaba. Permanecían hechizados por el brillo acogedor de las llamas, a la vez que se dejaban invadir por el cálido aroma de un vaso de té verde, que sabía preparar Zaila..........
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Una de ellas, hablaba de los días en los que soplaba el temido Viento del Sur. Un viento terriblemente cálido que hacía secar los pozos de agua que, aunque escasos, permitían la supervivencia del pobre pueblo nómada al que pertenecían los protagonistas de esta historia. En esos días, cuenta la sabiduría del desierto que solía, por sus arenas, vagar un esbelto Tuareg sobre un dromedario blanco, con dos grandes tinajas a cada lado de la única chepa del animal; portando el agua más fresca que se pudiera imaginar para socorrer a sus protegidos , los nómadas del desierto.

Esta leyenda, como parte del saber del pueblo nómada, era relatada por Ahmed con precisión..................

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LÁGRIMAS POR UNA AMISTAD


   “Lágrimas por una Amistad” es la historia de lo sucedido entre una rana y un sapo, un día cualquiera de los transcurridos en su hogar, su charca; en la que, al ponerse el Sol, el cálido aroma de las flores de los flotantes nenúfares era capaz de transportar a los que allí habitaban a un mundo de tranquilidad, muy pocas veces alterado…

   En este relato se ensalzan los valores de la amistad y se pone de manifiesto el pesar de aquél que, por razón alguna, la pierde. 


No parece que una charca solitaria sea el lugar más adecuado para localizar la historia que voy a contar, pero lo cierto es que ocurrió así.
En un lugar, relativamente alejado de la ciudad; y digo relativamente, porque con cierta frecuencia acudían algunos niños a jugar con pelotas y a lanzar piedras al agua para ver quién, haciéndolas rebotar sobre la superficie, llegaba más lejos; es donde tuvo lugar esta historia en la que se vieron envueltos Jonás y Clara.
Jonás era un sapo verde como todos los sapos; no muy agraciado, pues era un poco cheposo y barrigón sí, como todos los sapos, aunque sus ojos saltones y su cara bonachona indicaban que era un sapo de buen corazón.
Por su parte, Clara, se podría decir que era una rana muy atractiva, a los ojos de un sapo. Lo que más la caracterizaba era su alegría y vitalidad. Ciertamente era una rana muy juguetona y divertida...
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Jonás no quería creerselo. La llamó. Le dijo que no bromease, que se estaba asustando. Tenía la esperanza de que, efectivamente, fuese uno más de sus juegos. Ella hubiese querido contestar y quizá, si le hubiese quedado un mínimo de fuerzas, lo hubiese hecho. No era una broma y Jonás lo comprendió rápidamente. De momento debía de salir de esa zona peligrosa, pues, a su alrededor, seguía cayendo alguna que otra piedra y a lo lejos continuaban los niños: riendo, gritando y jugando, muy ajenos a la tragedia que él estaba viviendo......
...... dejó a Clara y la planta que la mecía y, llorando amargamente, se sumergió en el agua oscura pues ya empezaba a anochecer.....
(nº de registro de la propiedad intelectual 09/2010/2757)
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