domingo, 19 de marzo de 2017

SEGURO QUE SABES QUIÉN SOY...





Hola, queridos amigos de mis historias que buscáis un rato para estar juntos a través de los que comparto con vosotros. ¿Sabéis una cosa? La escritura es como una droga...pero buena, ¡eh! No sé si os habéis puesto alguna vez frente a un papel intentando contar algo a alguién; algo que no tenéis demasiado definido; y al final habéis econtrado vuestro papel y con él en la mano y un boligrafo, en el que también habéis invertido algo de tiempo para elegir, en la otra, habéis vagado por la casa decidiendo cuál es el mejor sitio para meteros en vosotros mismos. Al final lo habéis encontrado y frente a ese lienzo blanco sin ayudas, sin nadie que os diga cómo empezar, habéis iniciado el camino por el que ir dejando caer vuestros sentimientos y necesidades de contar algo. No fue fácil, ¿verdad? No lo fue porque pensábais en la pureza de la lengua escrita ¿a que sí? ¿Y a que cuando “pasásteis” de las reglas de la buena o, al menos, correcta escritura os fue mejor? Suele pasar...Eso es lo que necesitaba hacer hoy: ponerme a escribir ya, sin mirar más, sin pensar menos, sin saber muy bien lo que contaros...ponerme a escribir... y aquí estoy. Y otra cosa: seguro que también, en el caso sobre el que os estoy cuestionando, al terminar de plasmar vuestras necesidades de comunicaros a través de las letras os sentisteis muy bien, con un vacío que provocó una sensación placentera, como el que acaba de poner a salvo un secreto antes de que se le olvide, como el que acaba de descargarse de algo de valor y lo ha dejado en lugar seguro y descansa de la responsabilidad de haberlo llevado encima. Yo siento, siempre que escribo, esa sensación de sosiego y bienestar interior, como si hubiese llevado a cabo una sesión de relajación: sí, la escritura tiene ese don de relajación, de armonía y de poner en su sitio el equilibrio emocional del que la practica. Llevaba tiempo sin hablar con vosotros sobre las cosas que disfruto compartiendo aquí. He estado ocupado organizando firmas de libros en Valencia y en Albacete, las dos ciudades entre las que me muevo últimamente por motivos de trabajo y en las que aprovecho para firmar mi primer álbum ilustrado que de sobra conocéis todos mis amigos de este espacio. He encontrado el momento de estar con vosotros. Tenía ganas de escribiros algo sin saber exactamente el qué. Tenía necesidad de saber hacia donde me conducidirían mis dedos sobre el teclado...y ¡oh, sorpresa!, me llevan a mis inicios en la escritura. Me han llevado a recordar lo que sentía cuando me puse a escribir mi primera historia que he traído en varias ocasiones a este blog, a nuestro blog, y que los nuevos amigos de mis ilusiones aquí no la conocen todavía.
“Seguro que sabes quién soy...” fue una manera de decir: quiero contar algo que tengo dentro —y de eso habla— y... papel, bolígrafo, lugar...y empecé...y sigo haciéndolo cuando tengo tiempo y me invade y atenaza una fuerza interior irrefrenable para eso: contar cosas.
“Seguro...” habla de algo que no os revelo porque precisamente es una adivinanza que presento al lector, a vosotros, y que hemos adornado mi compañera en este trabajo, Verónica (reservados los derechos de autor) http://laverovalencia.blogspot.com.es/
https://www.instagram.com/laveroilustraciones/, y yo. Puede parecer que es una historia de amor, y eso es lo que la hace muy sensual, pero la realidad es que no lo es. Es una historia corta en la que el arte de Vero la hace especialmente maravillosa. Fue mi primera historia y la escribí sin saber si sería capaz de redactar algo que alguien pudiese leer algún día; sin saber si con ella sería capaz de transmitir sentimientos y sensaciones; fue mi primer contacto con este arte difícil que es la escritura y en el que nunca tienes la certeza, por lo menos yo jamás la tengo, de hacer algo aceptablemente digerible por el que quiere leerte.
Amigos de esta noche, os dejo con mi primera historia que quizá por ser la primera tiene algo muy especial. La verdad es que la escribí y me entró por los cinco sentidos, sobre todo cuando mi compañera puso esa guinda llena de sensaciones que es su manera de ilustrar. Espero que la disfrutéis de nuevo los que ya la conocéis y os transporte, a los nuevos amigos, a lo que sentí cuando por primera vez me acerqué a este mundo de ilusiones que es la literatura, infantil en este caso. En las entradas de 10 de marzo, 25 de julio, 15 de septiembre y 17 de noviembre de 2012, 12 de enero y 10 de agosto de 2013 y  6 de febrero de 2014, podréis leer más cosas que os contaba refiriéndome a esta historia que tanto nos gusta. Buenas noches a todos y hoy, más que nunca, os deseo que no dejéis jamás de soñar e intentar ser felices.
José Ramón.



  “Seguro que sabes quién soy” es un relato basado en un juego de pistas encaminadas a la resolución de la adivinanza que se presenta de manera íntima en el protagonista, anónimo, de la historia.
  Es un relato corto, muy corto, pero con una alta carga de sensibilidad y, aun no queriendo inicialmente, de romanticismo.


Me gustaba contigo saber de ti…
Me gustaba sin ti, verte a través de otros ojos…






Jugaba contigo a lo que más te gustaba…           
Compartía contigo tu desagrado por lo que no te gustaba…







¿Sabes ya quién soy?













Quería querer a quien querías, y consolarte cuando a quien querías, no te correspondía…


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Me necesitabas y sin mí no eras nada…
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  ¡¡¡Sé que lo adivinaste!!!…

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martes, 14 de marzo de 2017

LA NOTA QUE FALTABA. "BOOKTRILER"


Buenas noches queridos amigos en esta página. Hoy solo quiero traer a esta página, para verlo a través de nuestra pantalla a mis ilusiones el "booktriler" de mi primer álbum "La nota que faltaba" cuya primera edición estamos de cerca de completar y dar paso a una segunda edición. Espero que os guste: 


Un abrazo a todos con el deseo de que sigáis soñando y siendo felices.
José Ramón.




viernes, 24 de febrero de 2017

St. KIRSTEN





Buenas noches, queridos amigos de este blog. Hace tiempo que no os hablo ni os presento nada nuevo sobre este bonito y divertido cuento. Me refiero a “St. Kirsten”. Y no lo hago porque, Alex Herrerías, prestigioso ilustrador mexicano (https://www.facebook.com/alex.herrerias.9?fref=ts) (https://www.behance.net/AlexH) —todos los derechos reservados—, está realmente saturado de trabajo y la progresión en este proyecto va un poco lenta, pero segura. Poco a poco le va dando forma y lo que os traigo hoy es una prueba de ello. Muchas gracias, Alex, desde aquí y en nombre de todos los que disfrutamos de unos momentos en este blog admirando, en este caso, tu arte, porque sé los esfuerzos que te está costando avanzar en nuestro proyecto cuando sé que no te sobra demasiado tiempo y, ahora,...te sobrará menos con ese nuevo miembro que llega a tu casa. Nuestra enhorabuena y nuestras felicitaciones por adelantado, y como dicen por España: ¡¡qué sea una hora corta para tu mujer!! Sabemos los dos que, lentamente pero con paso firme, nuestro proyecto va tomando forma y eso es lo realmente importante. Recibe un fuerte abrazo desde España.
Os cuento a todos vosotros, mis seguidores, algo importante sobre esta ilustración. A Alex ,una plataforma de nombre Crehana, radicada en Perú pero con presencia en toda Iberoamérica, le ha solicitado estructurar una clase magistral sobre texturas. Precisamente ha sido esta ilustración la que él ha elegido para la citada clase y éste es el resultado final. A mí me parece maravilloso. Bueno, pues en cuanto pueda, Alex, me va a dar el enlace para que podamos disfrutar de dicha clase y ver cómo ha dado forma y textura a la ilustración que hoy admiramos aquí. Ya os adelanto que la compartiré en mi página de facebook profesional cuyo enlace podéis ver en la parte derecha de esta ventana.
Bueno, amigos, pues lo dicho: os dejo con la ilustración casi definitiva, porque me dice Alex que quedan unos pequeñísimos retoques todavía de aquel boceto que os presentaba en la entrada del 11 de agosto del año pasado y que os recomiendo que la volváis a leer pues tenía algo de especial en lo que os contaba.
Ya solo me queda, con el deseo de que disfrutéis esta entrada, desearos también, como siempre, qué no dejéis de soñar y ser felices. Un abrazo muy cariñoso.

 José Ramón.

¿Nos hemos preguntado alguna vez qué tienen de especial los colegios de élite?
St. Kirsten era uno de ellos y en esta historia se nos revela el porqué, los alumnos que año tras año pasaban por sus aulas, conseguían tan buenos resultados.
Nicolás sabía mucho de esto. Los duendes lo saben todo de nosotros...
En esta historia trepidante, llena de ternura y acción, se pone de manifiesto lo importante que es en la vida la responsabilidad con la que debemos acometer nuestras obligaciones.
Es una historia en la que Nicolás, sustentado siempre por el recuerdo de su querida Amalia, cumple con su obligación de mantener St. Kirsten como lo que, desde la época de sus antepasados, venía siendo: uno de los mejores colegios de élite del país.




St. Kirsten era uno de esos colegios denominados de élite; de esos en los que en su momento estudiaron los más insignes políticos, economistas, arquitectos, etc, que en la actualidad lideraban los puestos más importantes de la Nación.
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¿Os habéis preguntado alguna vez el porqué unos colegios son de élite y otros no? Pues la respuesta la encontraréis a lo largo de esta historia que voy a relatar.
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Sí, Nicolás era un duende de apenas unos treinta centímetros que, según se dice, es la estatura media de los duendes. ……….. tenía unos ojos grandes y avispados, además de una prominente nariz que casi se juntaba con su no menos prominente barbilla. Iba tocado, por supuesto, con su característico gorro terminado en punta. No se podía decir que fuese un duende agraciado, ni tampoco que no lo fuese; simplemente que era un Duende con mayúsculas y que estaba encargado de la protección de “su” colegio.
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Era medio día cuando, como hacía todas las mañanas, Nicolás se pasaba por la cocina para comprobar el buen estado de la comida que una hora después se serviría en el comedor, y así evitar cualquier tipo de intoxicación entre los alumnos. Se desplazaba rápido entre las mesas en las que se afanaban en preparar el estudiado menú, las siete personas, entre cocineros y ayudantes de cocina, que allí trabajaban. Nadie reparaba en él, pues nadie podía verlo. 
Aquel día, en ese comprobar rutinario, detectó que una ensalada tenía una salsa que no estaba en buen estado. Sólo con verla, olerla, probarla…¡qué sé yo cómo lo hacía!, nuestro duende era capaz de detectar si algo estaba en unas condiciones que pudiese perjudicar la salud de sus protegidos; lo cual era su principal misión y para lo que moraba en aquel colegio




jueves, 9 de febrero de 2017

¡¡"La nota que faltaba" ha cruzado el Atlántico!!





Queridos amigos de mis ilusiones, buenas noches. No paramos de recibir buenas noticias en este blog. Hoy hemos dado un salto cualitativo para llegar a todos vosotros. Hasta ahora solo lo hacía a través de esta página y de mi página profesional de facebook, cuyo enlace lo tenéis al principio de la columna informativa, a la derecha de vuestra pantalla, y que aprovecho para recordároslo: 
https://www.facebook.com/jrdeceacuentosanddreams/?ref=aymt_homepage_panel (espero vuestras visitas allí y si os gusta lo que veis pues encantado de tener vuestro "me gusta" a la página y con el deseo de que lo compartáis para que vuestras amistades tengan oporunidad de disfrutarlo también). Como os digo, solo llegaba a vosotros a través de mi página y de esta ventana, pero eso ha cambiado: ya estoy más cerca de todos mis seguidores al otro lado del Atlántico: hemos tocado tierra en Colombia y estamos al alcance de todos los colombianos que comparten sus ratos con nosotros en Bogotá, Medellín, Bucaramanga, Barranquilla, Cartagena de Indias y Cali. Podéis encontrar mi primer álbum en tres librerías emblemáticas: La Librería Nacional: 
Espero que esta información os sea útil y podáis pronto tener en vuestras manos este trabajo de mi compañera ilustradora, Tania Rico, y mío, y podáis leérselo y disfrutéis haciéndolo a vuestros pequeños.
Por mi parte solo me queda recordaros que estaré encantado de mandarle mi dedicatoria, utilizando un "pdf" de la primera hoja del álbum. Solo tenéis que enviarme un email a mi dirección de correo o un mensaje en mi página de facebook.
Bueno, amigos de Colombia, enhorabuena por haber sido los primeros en tener "La nota..." a vuestro alcance. Está, mi editorial Kolima a la que mando un fuerte abrazo desde aquí, abriendo mercado también en Argentina. Os contaré cuando lo haga.
Recibid todos vosotros un gran abrazo con mi deseo de que no dejéis de soñar y ser felices.
José Ramón.

sábado, 4 de febrero de 2017

Entrevista en LEARNING TRUE


Buenas tardes, queridos seguidores de nuestro blog. Hoy la entrada que os traigo es corta porque solo lo hago para presentaros un prestigioso blog de nombre: LEARNING TRUE. En él me acaban de hacer una entrevista que me gustaría compartir con todos vosotros porque creo que revela mucho de lo que tengo dentro de mí, relacionado con mi afición por la literatura infantil y que estoy encantado de compartir con todos vosotros en nuestro espacio. Espero que la disfrutéis y...¡¡se admiten críticas!! :-)  Un abrazo a todos vosotros.



domingo, 29 de enero de 2017

TELA DE ARAÑA


Buenas noches, mis queridos seguidores. El día de la presentación, de lo que sea, es siempre un día importante. Hace tiempo que no os presento un cuento nuevo y hoy quiero hacerlo. Estaba reservándolo para cuando llegase el momento de hacerlo y ese momento hoy ha llegado. Este cuento, como todos las historias que ya conocéis, tiene algo de especial; tiene un mensaje con el que pretendo que, el futuro álbum ilustrado, llegue a los menudos de la casa y, como en todos mis cuentos, les forme en valores. Hoy, esta ilusión os hablará de igualdad, tolerancia y relación entre los seres vivos, independientemente de su raza, ideología, estatus social, etc. Todo ello a través de una divertida historia de relación entre unas moscas y unas arañas…¿Os habéis quedado con cara de extrañeza, verdad? Sí, es un cuento con unos personajes que nadie pensaría que se pudiesen llegar a entender…si es que al final lo hacen, claro. Pues aquí tenéis lo que quise transmitir en su momento, a través de lo que hoy os traigo para vuestro disfrute.
Esta es la sinopsis de "Tela de araña":

Una divertida y emocionante historia que discurre alrededor de una bien tejida tela de araña, es la que se nos cuenta en este relato de amistad entre una araña y una mosca. Relación no demasiado comprendida por la progenitora de aquella y sí agradecida por la de ésta. Jorge, el dueño de la habitación en la que desarrolla la escena, quiere ser “protagonista principal” de la misma, a pesar de la insistencia de su cargante madre…
“Tela de Araña” es una entrañable y trepidante historia de amistad, principalmente, sin reparar en distinciones de “raza”, origen, especie; no ausente de emoción, que mantiene al lector expectante hasta su finalización.

Pero también he elegido este momento para regalaros una nueva historia porque acabo de formar equipo con una magnífica ilustradora, residente en una preciosa ciudad de nuestra geografía: me refiero a Melilla y ella es Helena Segura Alemany (todos los derechos reservados) y su página, que os recomiendo visitéis, es: https://www.facebook.com/Segaley. Helena, muchas gracias por aventurarte conmigo en este proyecto; estoy seguro que vamos, entre los dos, a sacar a la luz un producto bueno, muy bueno, que va a entusiasmar a todo el que lo lea y que le hará disfrutar, bien seguro, de mi texto junto a tu bonita manera de ilustrar. Muchas gracias por haber querido compartir mis ilusiones contigo.
A vosotros, amigos, os diré que, Helena, me parece que es una profesional como la copa de un pino de grande y que lleva el arte metido en su corazón, y si no os lo creéis mirad lo que hizo en el primer momento que encontró tras nuestra conversación de acuerdo verbal de trabajo en equipo:




Espero que lo disfrutéis.
Os deseo buenas noches con mi deseo de que no paréis de soñar y ser felices.
José Ramón.

En una tarde de un día cualquiera, como muchos anteriores y, seguro, como muchos que quedaban por venir; la madre de Jorge, el sucio inquilino de aquella pequeña, desordenada y, por qué no decirlo, sucia habitación, estaba harta de discutir con él por motivo de su limpieza, y la mayoría de los días, con que mantuviese aquél su estancia cerrada, se conformaba. Ojos que no ven…


Aquella tarde, el cuarto olía realmente mal pues hacía un par de días que no se ventilaba adecuadamente. Estaba más sucio que de costumbre: la colcha y el suelo a su alrededor estaban llenos de migas. Jorge jamás se planteaba si debía merendar tumbado en su lecho o sobre una bandeja sentado a su mesa de estudio. Siempre lo hacía tumbado sobre la cama. Ni qué decir tiene que las hormigas que recorrían buena parte de aquella habitación tan “bien surtida”, movidas por su inagotable ansia de prepararse para el invierno o para las épocas de escasez, recogían y acumulaban buena parte de las migas que Jorge dejaba caer. En cierta manera, ayudaban a la limpieza del sucísimo cuarto y, como Jorge lo sabía, evitaba pisarlas y entretenerse en exterminarlas. Eran sus colaboradoras; su batallón de limpieza particular.
Por su parte, las moscas, que también compartían aquel espacio y aportaban su granito de arena a la limpieza de la habitación, no gozaban del mismo trato por parte de Jorge. Resultaban más molestas que las hormigas pues se posaban inoportunamente sobre sus piernas y brazos –buscando la sal de su cuerpo– y porque, por su vuelo acrobático, representaban un objetivo difícil de batir, lo que hacía muy atractivo y divertido el intento de cazarlas.


En eso estaba Jorge esa tarde: siguiendo con la mirada el vertiginoso vuelo de una mosca a la que conocía de días pasados. Ansiaba darle caza y, de una vez por todas, acabar con su molesta presencia. No le era fácil pues, cuando estaba en posición de “disparo”, la mosca, como si lo intuyese, despegaba y con unos quiebros ágiles y más rápidos que el movimiento del ojo humano, desaparecía del “campo de fuego” del chaval.
Así era. Los ojos compuestos de las moscas les permitían distinguir cuándo un movimiento hacía cambiar la intensidad de luz que les llegaba, y eso les alertaba y permitía, la mayoría de las veces, escapar con vida del ataque. Además, cuando estaban posadas, disponían su tercer par de patas, el más retrasado, en la posición idónea para, al percibir el peligro, emprender el vuelo inmediatamente en dirección segura. Esto lo desconocía Jorge, y sus movimientos siempre eran bruscos y ausentes de todo tipo de sigilo.
Jorge sabía que era misión casi imposible dar caza a semejante insecto, aunque desconocía los motivos. Por ello, recurrió a un “arma especial”.
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–Flavia, ya estoy aquí –dijo aquella mosca que tantas ganas tenía de cazar Jorge.
–Hola, mamá. ¿Salimos a practicar esas acrobacias de vuelo que me enseñaste ayer? –preguntó Flavia, ilusionada por poder salir a volar con su madre.
Sí, pero antes tengo que prevenirte sobre dos peligros que nos acechan…………………………
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El segundo y menos peligroso, dijo señalando de nuevo, es aquella tela de araña que está allí arriba, en aquel rincón. Sólo es peligrosa si, al aproximarte a ella, te quedas atrapada en sus pegajosos hilos. Si eso es así, su dueña, aquella araña que ves tejiéndola, caerá sobre ti con la velocidad del rayo y te dará un mordisco que te dormirá para siempre…Flavia se quedó mirándola con cara de estar muy asustada, mientras recordaba su experiencia de hacía un par de días…………………………………………………
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–Raña, no se hace así. Mira, tienes que ir soltando poco a poco tu hilo entre los dos que he formado yo –enseñaba con paciencia la araña madre a su hija, sabiendo que la tela de su hija no era todavía lo suficientemente pegajosa como para atrapar algo distinto de una triste polilla–. Debes de ir con precisión  de una a otra para que los espacios entre los hilos sean iguales y lo suficientemente pequeños para que entre ellos no se escapen las presas. ¿Si no, de qué vamos a comer? –le preguntó sonriendo, porque sabía que en aquel cuarto lleno de insectos voladores y no voladores, siempre había algún curioso o despistado que caía en la mortífera red y servía de alimento, por unos días, a madre e hija.
–Los insectos más sabrosos son las moscas………………………
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Por la noche la tela de araña era aún más efectiva que de día, pues no se veía ni producía ningún ruido al moverse mecida por la corriente del simple abrir y cerrar de una puerta. En las noches de Luna, y cuando las cortinas de la ventana estaban descorridas, los finos hilos acogían el resplandor de los haces lunares que daban a tan mortífera red un aire siniestro difícil de olvidar. Flavia no imaginaba que fuese tan peligrosa semejante obra de arte………………………………………………………

La tela de araña empezó a cimbrear, transmitiendo la señal al interior del agujero en el que la madre de Raña esperaba, pacientemente, la llegada de alimentos.
La madre de Flavia trataba de agitar sus alas y escapar volando de aquella trampa. El esfuerzo era inútil. El cuerpo estaba boca arriba y sus alas totalmente abiertas y pegadas a los mortíferos hilos de seda pegajosa de la tela. Miraba a su hija que aterrada empezaba a darse cuenta de la situación. Sabía que su hora había llegado.
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lunes, 16 de enero de 2017

VAN POPEL





Hola, buenas noches, queridos cómplices de mis historias, mis fábulas y ficciones que a veces se aproximan más de lo que quisiera a la realidad. Después de este tiempo de fiestas y alegrías y…por qué no decirlo, desencuentros, que también los ha habido, quiero traeros algo de lo mucho que tengo pendiente y en lo que sigo trabajando de la mano de “mis” ilustradores. Junto a ellos voy pasito a pasito, cuando sus obligaciones profesionales se lo van permitiendo, dando forma y vida a lo que he escrito y que deseo cuanto antes que pueda estar a disposición de todo el quiera alejarse de su vida rutinaria y dejarse envolver por este mundo de las historias para niños y mayores. Nuestro blog, ya lo he dicho muchas veces, quiero que sea un remanso de tranquilidad, ese lugar de final del canal en el que la barca descansa. Cualquiera podría pensar que queda olvidada en su rincón y en realidad se encuentra en su refugio en el que disfruta de su espacio y de su tranquilidad. Pues ahí estamos, aquí estamos, leyendo, sintiendo y pensando; disfrutando de nuestro tiempo y nuestro espacio, alejados de ese espacio que queremos para nosotros y siempre alguien nos lo ocupa y, en cierta manera, nos lo arrebata. Tenemos necesidad de nuestro rincón, tengo necesidad de mi rincón y quiero compartirlo, aquí, con vosotros.
Os contaba que nos encontramos tras este tiempo de fiestas que, al menos a mí, como siempre, se me ha pasado volando y eso me hace traeros una historia que parece escrita en un ambiente de Navidad. La primera vez que la traje a este espacio (el 28 de octubre de 2012 y que os recomiendo que la releáis) os decía que tenía un aire a esos cuentos de Dickens con esa atmósfera triste y fría. ”van Popel” es un cuento que relata una historia entrañable y llena de ternura, aunque el inicio no sea todo lo alegre que nos gustaría…, pero es que la situación por la que pasaban, Gervasio y Sara, no era muy fácil. Es un cuento fundamentalmente de transmisión de generosidad y solidaridad; de constatación de que, la mayoría de las veces, la gente humilde, los que menos tienen, son los que más dan. Esto os lo contaba también en la última vez que os hable de él (el 26 de julio de 2014, que también os recomiendo que lo volváis a leer pues, en ese caso, hablaba de abuelos…y para mí ha sido una de las entradas que he escrito más entrañables y que me ha hecho recordar muchas cosas de mi vida…encontré en mis letras la paz y el remanso del que hablo siempre que me refiero a este rincón) y hoy os lo quiero mencionar de nuevo porque en esta sociedad tan desnaturalizada y materialista que tenemos y que “disfrutamos”, estos valores y estas respuestas contadas en mi historia no son algo que practiquemos demasiado. Los cuentos, en la literatura infantil, deben de estar cargados de valores y, aunque “van Popel” es un cuento para niños de siete años en adelante, lo es también para mayores y, estos, necesitan muchas veces recordar que los valores deben de ser el motor de nuestra vida y nuestra referencia y…creo que hay que hablar de ellos…por eso os traigo hoy, de nuevo, esta historia de fantasía y de valores.
El segundo motivo de hablaros de cuadros y oleos penetrantes que mezclados con el polvo y la poca luz que a duras penas penetraba en la tienda de Gervasio, aspectos que conforman el ambiente de “van Popel”, es presentaros al magnífico ilustrador que está dando vida a esta historia. Se trata de Daniel Pineda, colombiano de nacimiento, y que en España está llevando a cabo magníficos trabajos de ilustración (todos los derechos reservados). En su página: https://www.facebook.com/danielpinedailustracion/… podéis comprobar lo que os digo. Daniel, gracias por haber querido compartir conmigo este proyecto tan cargado de sentimientos e ilusiones y, sobre todo, fantasía. Estoy seguro que con tu arte va a quedar muy bien. Un abrazo de nuestra parte cargado de aprecio y agradecimiento.
Daniel es un gran profesional y, como todos los buenos profesionales, es metódico y no da un paso sin tener afianzado el previo. Aquí os traigo como ha empezado a trabajar en “van Popel”: se trata de parte del “Concept Art” (concepto manejado por los ilustradores para el diseño de las ilustraciones del cuento) de los protagonistas de la historia: Gervasio y Sara. Lo podéis ver en la imagen que abre esta entrada. Debajo de estas letras os traigo otras dos imágenes-bocetos de cómo será el trazo, la forma de los lugares (casa, tienda). También la textura en acuarela que llevarán las ilustraciones. ¡¡La tienda, personalmente, me encanta!! ¿Qué opináis vosotros?. Espero que disfrutéis este inicio del proceso.
Pues ya está por hoy. Solo me queda desearos que os deleitéis con lo que os puedo traer de mi historia de lienzos, caras, personajes…y mucha ilusión e imaginación. Buenas noches y no dejéis de soñar y sed felices. Un abrazo sentido para todos vosotros. José Ramón.

“van Popel”, es una sentimental historia, con un final inesperado, en la que se cuenta cómo la vida gira y gira dando oportunidades a todos, ya estén vivos o nos hayan dejado hace tiempo…
 Gervasio y Sara, dos entrañables viejecitos, eran así y su vida, que transcurría entre cuadros y el penetrante y embriagador olor del óleo de colores, les dio también su oportunidad.

Eran las seis y media de una tarde fría de invierno cuando Gervasio, agachado, cosa que la mayoría de las veces suponía un verdadero suplicio, estaba terminando de cerrar la persiana metálica de su vieja y polvorienta tienda de cuadros. Las seis y media de la tarde no era la hora habitual para que Gervasio cerrara, pero llevaba unos días en los que no se encontraba con la moral demasiado alta.
En casa le esperaba Sara, mujer extremadamente sensata y de dulces y suaves ademanes. Era, sencillamente, una mujer adorable. Ella, al igual que Gervasio, pasaban ya de los setenta años y sólo se tenían el uno al otro.   Últimamente, él meditaba mucho sobre su vida y eso sólo servía para entristecerle aún más de lo que estaba.


Hacía tiempo que quería cerrar la tienda de cuadros que tanto trabajo le daba y, aunque no tenía prácticamente dinero, jubilarse y pasar tranquilo, junto a Sara, los últimos años de su vida.
Este deseo se antojaba difícil de poder cumplirse ya que no encontraba la manera de vender los casi cincuenta cuadros que aún quedaban en la tienda y que, de hacerlo, le aseguraría el pago del alquiler de la antigua casa en la que habitaban, durante los próximos diez años. Sabía que no era mucho tiempo, pero se convencía de que no debía preocuparse de ello ya que, en diez años, intuía que ninguno de los dos estaría vivo para contarlo.


Gervasio vivía angustiado con estos pensamientos, sobre todo cuando miraba los ojos azules claros, casi blancos, de Sara, su fiel compañera.
Al entrar por la puerta..........................
-Ten confianza, Gervasio. Seguro que las cosas cambian un día de estos -ella contestó, con cariño y tratando de ayudarle pues no soportaba verlo tan abatido.


martes, 6 de diciembre de 2016

CAMINO DEL OESTE







Buenas noches, queridos amigos de esta ventana a las ilusiones. Os propongo un plan: ¿me acompañáis en un viaje en el tiempo? Vamos, seguidme…¡Taxi! Yo creo que cabremos todos. A la estación, por favor. ¡Volando! –me contesta colocándose bien su gorra. El taxi es de aquellos cuyos colores tan característicos los identificaban como de la ciudad a la que pertenecían, independientemente de en dónde se encontraban. Hoy nos recuerdan a otros tiempos de nostalgia.
Acabo de pagar al taxista y ya entramos en un mundo trepidante…¡Uy, cuidado! Casi nos lleva por delante ese mozo que con su carretilla de dos ruedas y cogida con maestría, pues pesa demasiado para lo que ahora estamos acostumbrados, se dirige a toda prisa a cargar maletas que los viajeros le dan por la ventana de su compartimento. Es curioso, y también me llena de nostalgia, la pinta que tiene el buen hombre: su gorra sucia, muy sucia, colocada más hacia la coronilla que en la frente, dejando salir su pelo un poco grasiento por la mezcla de sudor y el humo que envuelve la estación y le da un aspecto de seriedad y de llevarse a cabo algo muy importante bajo el cobijo de su gran bóveda de hierro y cristal. Allí, bueno aquí, pues ya hemos llegado, se producen los momentos más alegres y más amargos entre amigos, familiares, amantes, etc, engullidos por ese frenético ir y venir de viajeros, revisores, jefes con sus gorras rojas y sus banderines y silbatos preparados… ¡Qué triste es una despedida en la estación cuándo no sabemos si nos volveremos a ver! Todavía le veo alejarse tras la carretilla. Su chaqueta va a juego con el resto de su persona. Su colilla en la comisura de los labios es parte de la seña de identidad de nuestro mozo de equipajes. Está trabajando y haciéndolo duro…no va a una fiesta. Ese es el mozo que yo recuerdo de aquellos tiempos y que hoy nos acabamos de encontrar; ¡vamos, que casi nos atropella! Siempre rápido de un lado para otro tratando de convencer, con sus maneras de vendedor ambulante, a los pasajeros que, cargados, llegan  a la ciudad.
Allí lejos distingo el silbido de silbato de aquél que mantiene su banderín rojo, envuelto en su madera (siempre me ha resultado muy parecida al rollo de amasar en las cocinas), y casi instantáneamente un fuerte resoplido y el chuf,…chuf,…chuf,..chuf,..chuf,.chuf,.chuf,chuf,chuf, y un ronco clamor de la máquina que tira del convoy que abandona la estación…menos mal que no es el nuestro…
¡Cuidado! De frente se nos acerca esa otra carretilla, también llamada vagoneta de equipajes, que me produce, igualmente, cierta añoranza y que hasta hace bien poco se ha mantenido en nuestras estaciones. De pequeño me quedaba mirando los dos grandes pedales que tenía el conductor en su compartimento al aire libre. Siempre de frente en la dirección de marcha agarrado a dos grandes tubos: uno un poco más arriba que otro pues ello es necesario para que inicie la marcha. Va erguido y con el mismo atuendo que su compañero de a pie: la gorra, la chaqueta, el cigarrillo…y bastante desaliñado. Detrás lleva una plataforma con cajas, hierros y otros atalajes del convoy al que está atendiendo. Siempre les tuve mucho respeto porque, al no hacer ruido, pues eran eléctricas, no estaba seguro de que algún día no nos llevase a alguien de mi familia por delante y terminar así nuestras vacaciones sin haber salido siquiera de la estación. No era fácil, en aquellos días que hoy recuerdo en nuestro viaje, el trabajar en ese mundo de las estaciones y los trenes de humo blanco.
¡SHHHHHSSSS! ¡Vaya susto que me ha dado el resoplido de no sé qué de la máquina que tira de nuestro tren! Máquina imponentemente negra; recia pero esbelta. Da sensación de seguridad. Su foco allí arriba ilumina más allá de lo que la vista puede distinguir. ¡¡UUUGGGHHHHH!! (me resulta difícil la onomatopeya). Es el ronco sonido de otra de ellas que inicia su salida.
Qué follón hay hoy en la estación. Pasad delante, subid al vagón…si quiere le ayudo, señora, con el equipaje…¡Ay, vaya con cuidado, hombre!... Siempre hay alguien que, una hora antes de la partida del tren, ya está subiendo apresuradamente y empujando a todo el que se pone en su camino, como si el tren fuera suyo o si fuese a salir antes de que pudiese subir a su vagón…¡y está a una hora de la partida! Sí, antes se iba a la estación con una hora de anticipación, por lo menos. Mi abuelo solía estar dos horas antes y quizá a mí me quede algo de él pues me gusta estar con bastante tiempo antes de que parta mi tren.
Click, click…ya oimos al revisor con su maquinilla de taladrar billetes…¡qué nervios cuando sacábamos el billete y esperamos en él su imprescindible agujerito para que todo estuviese correcto y pudiésemos viajar tranquilamente. No sé si os acordáis del silencio entre los pasajeros cuando llegaba el revisor al compartimento y la algarabía al marcharse…era un trámite que imponía y siempre precedido de su seco click, click.
¡Ya salimos! Menos mal….

Bueno, amigos, ya estoy de nuevo con vosotros sentado frente a mi pantalla y hoy os quiero traer, precisamente, mi cuento sobre trenes: “Camino del oeste”. Ya pudisteis leer algo sobre él en las entradas del 15 de junio de 2012 y del 1 de mayo de 2015. Hoy lo quiero traer de nuevo porque ya una magnífica ilustradora ha querido formar equipo conmigo para llegar a conseguir su publicación. Ella se llama Ana María Nale, argentina de nacimiento, y su estilo naif me cautivó desde el primer momento que vi sus ilustraciones. Le gustó mi historia y ya se ha puesto manos a la obra. Su web es: http://www.anamnale.com.ar/publicaciones.html (todos los derechos reservados). Espero que disfrutéis en la visita por su arte. Yo, desde aquí, Ana, quiero darte la bienvenida a mi cita con las ilusiones que comparto con mis seguidores repartidos por los cuatro continentes (no tengo constancia que nos lean en Oceanía). Es una grandísima satisfacción compartir proyecto contigo y tener la oportunidad de que esa manera tan cálida, entrañable y bonita que tienes de ilustrar pueda dar vida a Martina y a su mundo. Gracias por ello y te envío desde aquí un cariñoso abrazo.
Pues ya doy paso a esta historia y lo que hoy puedo y quiero presentaros. Espero que lo disfrutéis. Un abrazo a todos y soñad y sed felices, una vez más.
José Ramón.

“Camino del oeste” es un relato lleno de ternura que hace referencia, con añoranza, a tiempos pasados. A través de su lectura vemos cómo discurre la vida de Martina, una joven máquina de tren a vapor, que se ve relegada al transporte de vagones en desuso camino del desguace. En este relato se puede disfrutar del embriagador olor a carbón quemado que sale por su chimenea negra y compartir la desazón de la protagonista por la vida que le ha tocado vivir. Con ella compartiremos su intento de viajar camino del oeste, mundo que anhelaba alcanzar algún día. Su sano inconformismo y valentía -valores que se ponen de manifiesto en el relato-, propician que quizá su vida actual se vea alterada.

Era pasada media noche cuando a Martina le despertó un empujón y un fuerte golpe seco, precedidos ambos por el chirrido de frenos que le eran muy familiares. Cada cuatro o cinco días ocurría lo mismo. A ese sobresalto inicial sucedía siempre un repiqueteo, sonoro y rítmico, al contacto de los metales. Los trabajadores que operaban la “Última Terminal” –así se llamaba aquel lugar–, ataviados con unos martillos extremadamente largos, golpeaban rutinariamente las ruedas de los vagones que acababan de enganchar para su traslado, comprobando que todo estaba correcto para el viaje.
Martina ya conocía esta rutina pues desde hace bastantes años venía haciendo este trabajo. Sabía que tras este ritual debía emprender la marcha.
Martina era una de esas antiguas máquinas de vapor que se paseaban por todos los pueblos del país con su llamativo canto y su elegante columna de humo blanco, hasta que la llegada de las nuevas máquinas eléctricas ocasionó que fuese retirada, cuando tan sólo tenía un año de vida, y destinada al trabajo que realizaba en aquellos días.
Qué orgullosa y feliz se sentía al principio y qué desgraciada después.
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Martina se encargaba de llevar vagones viejos y en desuso a unos hangares, a aproximadamente cien kilómetros de la ciudad, para su posterior desguace y destrucción. Representaba un triste trabajo ser la última en conducir a unos vagones de mercancías o de pasajeros, según el día, en su último viaje a su destrucción. No era agradable su misión y temía que un día, que presumía no muy lejano, fuese ella parte de ese macabro convoy, tirado por una flamante máquina eléctrica; fría y nada elegante...............................................

Esas ventanas eran de aquellas que los pasajeros, en su curiosidad por saber a qué estación habían llegado, abrían de arriba hacia abajo para asomarse. Se sabía que en esos vagones semejante acción no se debía hacer durante la marcha pues entraría por la ventana la carbonilla que la máquina en cuestión, en su armonioso “chuf-chuf”, proyectaba al aire  formando una cortina que envolvía al tren en su conjunto. ...................................................